Las fiestas no son buenas para todo el mundo
Diciembre tiene una particularidad: es el único mes del año en el que sentirse mal parece una falta de educación. Todo el decorado insiste en que esto es alegría y reunión, y si tú no lo sientes, el desajuste entre lo que ves y lo que te pasa por dentro añade una capa más de malestar.
En consulta se nota. Las semanas previas y las posteriores concentran motivos que el resto del año llegan repartidos.
Tres cosas que diciembre pone encima de la mesa
Las ausencias se hacen visibles. Un duelo se lleva razonablemente el 14 de marzo. El 24 de diciembre hay una silla que se ve vacía porque hay una mesa puesta. No es que eches más de menos a quien ya no está: es que el formato de la fecha lo señala.
Las familias se juntan. Para mucha gente eso es bueno. Para quien tiene una relación difícil con los suyos, significa varios días de convivencia obligatoria con las personas con las que peor se lleva, sin la escapatoria de la rutina.
Se hace balance. Fin de año empuja a comparar dónde estás con dónde pensabas estar. Si el año ha traído una ruptura, un despido o un diagnóstico, la comparación duele.
Lo que sí ayuda
No vamos a proponerte que disfrutes de las fiestas. Sí unas cuantas cosas que en consulta funcionan.
Decide de antemano cuánto vas a quedarte. Una comida no tiene por qué durar hasta la noche. Saber que a las seis te vas cambia por completo cómo se sostienen las cuatro horas anteriores.
Prepara dos o tres respuestas. Las preguntas incómodas sobre la pareja, el trabajo o los hijos van a llegar. Tener una salida pensada evita que te pillen en frío y acabes dando explicaciones que no querías dar.
No te obligues a mantener todos los rituales. Si un plato, una canción o poner el árbol te está costando más de lo que te aporta, ese año puede no hacerse. Los rituales están para servirnos, no al revés.
Cuida lo básico. En estas fechas se duerme peor, se bebe más y se rompen los horarios. Los tres factores empeoran cualquier estado de ánimo, y los tres están razonablemente bajo tu control.
Cuándo esto ya no es “las fiestas”
Sentirse triste o cansado en diciembre es esperable. Conviene mirarlo con un profesional cuando en enero no remite, cuando dejas de hacer cosas que antes te apetecían, cuando el alcohol se ha convertido en la forma de pasar la tarde, o cuando aparecen pensamientos sobre no querer seguir.
Esto último no es dramatizar. Si te ocurre, hay un teléfono gratuito disponible las veinticuatro horas: el 024. Y si prefieres empezar por algo más tranquilo, escríbenos y te responde un psicólogo colegiado.