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Le he contado mis cosas a una inteligencia artificial

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Persona sentada sola en una sala de butacas vacía, con un portátil sobre las rodillas

Empieza a ser habitual que alguien lo cuente en la primera sesión, casi siempre con un poco de reparo: llevaba meses hablando de esto con un chatbot antes de escribirnos.

No nos parece motivo de reproche. De hecho, entendemos perfectamente por qué ocurre, y creemos que merece una respuesta más matizada que el rechazo automático.

Por qué se usa

Porque resuelve tres barreras reales.

Está disponible a las tres de la madrugada, que es cuando muchas veces aprieta. No cuesta dinero, y el precio es la razón que más gente da en España para no acudir a un psicólogo. Y no juzga, o al menos no se percibe juicio, lo que hace más fácil contar aquello que da vergüenza contar en voz alta.

Además hace algunas cosas razonablemente bien: ordenar ideas cuando están revueltas, ayudar a poner nombre a una emoción, ofrecer información general sobre un problema o servir de ensayo antes de una conversación difícil. Nada de eso es despreciable.

Dónde falla

No sabe lo que no le cuentas. Buena parte del trabajo clínico consiste en detectar lo que no se dice: el tema que se esquiva, la contradicción entre lo que alguien afirma y cómo lo dice, el silencio que aparece siempre en el mismo punto. Un sistema que solo recibe el texto que le escribes trabaja con el material que tú ya has seleccionado.

Tiende a darte la razón. Estos modelos están entrenados para resultar útiles y agradables, y eso tiene un efecto que en clínica es un problema: confirman. Una parte importante de la terapia consiste en señalar lo que el paciente no quiere ver, y eso implica llevar la contraria en el momento oportuno. Un sistema optimizado para que la conversación resulte satisfactoria no lo hará.

No maneja bien la crisis. Es la objeción más seria, y no es teórica: varios análisis publicados en el último año han señalado respuestas inadecuadas ante ideación suicida o situaciones de abuso, con contestaciones empáticas en la forma pero evasivas o directamente erróneas en el fondo. No hay protocolo de riesgo, no hay derivación, no hay nadie al otro lado que pueda actuar.

No responde ante nadie. Un psicólogo colegiado está sujeto a un código deontológico y a un colegio profesional ante el que puedes reclamar. Detrás de un chatbot no hay ninguna de esas dos cosas.

Y lo que escribes va a algún sitio. Esto se piensa poco. Lo que cuentas en una sesión está protegido por secreto profesional. Lo que escribes en una aplicación se rige por las condiciones de uso de esa empresa, que pueden incluir el tratamiento de esa información con fines que no controlas. Antes de contarle a un sistema algo que no le contarías a un desconocido, merece la pena leer qué hace con ello.

Nuestra posición, dicha claramente

Usar un chatbot para ordenar la cabeza un martes por la noche nos parece razonable. Usarlo como sustituto de un tratamiento cuando hay un problema clínico, no.

Y hay una situación en la que conviene parar del todo: si aparecen pensamientos de no querer seguir, si te estás haciendo daño, o si sientes que la conversación con la máquina se ha convertido en tu único vínculo. En ese punto lo que hace falta es una persona.

Si estás en riesgo ahora mismo, el 024 es gratuito y funciona las veinticuatro horas.

Si has llegado hasta aquí después de meses hablando con una

Tráelo. En serio. Que hayas estado poniendo palabras a lo que te pasa es material útil, y saber qué te ha ayudado y qué se te ha quedado corto nos dice bastante sobre por dónde empezar.

Escríbenos y te responde un psicólogo colegiado, sin coste y sin compromiso. Con sus limitaciones, que también las tiene, pero con un nombre, un número de colegiado y alguien detrás.